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jueves, 24 de mayo de 2018

Un proceso cuántico convierte en electricidad la radiación infrarroja

Científicos saudíes han encontrado la forma de obtener electricidad a través de la radiación infrarroja que emite el planeta. Se han valido de nano-antenas que usan el efecto túnel cuántico para que los electrones puedan traspasar un diodo y transformar las ondas infrarrojas en corriente eléctrica. Un prototipo que puede revolucionar el sector energético.


La mayoría de la luz solar que golpea la Tierra es absorbida por sus superficies, océanos y atmósfera. Como resultado de este calentamiento, la radiación infrarroja se emite constantemente a nuestro alrededor. 

Estimada en millones de gigavatios por segundo, esta radiación infrarroja residual es capaz de abastecer la demanda energética de la humanidad miles de veces. 

Un equipo de Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdalá, en Arabia Saudita,  ha desarrollado un dispositivo que puede aprovechar esta energía, así como el calor residual de los procesos industriales, y transformarla  en electricidad útil. 

A diferencia de los paneles solares que están limitados por las horas del día y las condiciones climáticas, el calor infrarrojo puede ser recogido las 24 horas del día. Una forma de lograrlo es tratar el exceso de calor infrarrojo como ondas electromagnéticas de alta frecuencia. 

Utilizando antenas diseñadas específicamente para esta investigación, las ondas electromagnéticas recogidas se envían a un rectificador, típicamente un diodo semiconductor, que convierte las señales alternas en carga de corriente continua para baterías o dispositivos eléctricos. 

Efecto túnel 

El proceso se consigue mediante la fabricación de una rectenna o rectena, (rectifying antenna  o antena rectificadora), un tipo especial de antena que se usa para convertir directamente microondas en corriente continua. En esta investigación, como la longitud de las ondas infrarrojas es extremadamente corta, para poder aprovecharlas fue necesario construir rectenas realmente minúsculas. 

Además, las ondas infrarrojas oscilan miles de veces más rápido que un semiconductor típico. "No hay ningún diodo comercial en el mundo que pueda funcionar con tanta frecuencia", explica Atif Shamim, líder de proyecto de KAUST, en un comunicado. Por eso han recurrido al efecto túnel. 

El efecto túnel es un fenómeno cuántico que permite a una partícula superar una barrera que en teoría no podría traspasar por falta de capacidad. Por ejemplo, una bala disparada desde la base de una montaña necesita una cierta cantidad de energía para llegar a la cúspide y llegar al otro lado. Pero una bala cuántica no: puede llegar al otro lado de la montaña gracias a la indeterminación de su posición, que es la base de cualquier fenómeno cuántico. 
Pues ese efecto túnel, según los investigadores, puede ayudar a la construcción de las citadas antenas nanométricas y obtener energía de la naturaleza: los electrones pueden atravesar una pequeña barrera, gracias a un diodo regido por el efecto túnel (Metal-Insulator-Metal), y transformar las ondas infrarrojas en corriente eléctrica.

Nano-antena con diodo 

Lo han comprobado construyendo una nano-antena en forma de mariposa que incorpora una película aislante muy delgada entre dos brazos metálicos ligeramente recubiertos de oro y titanio. 

El invento es capaz de generar campos eléctricos intensos, necesarios para el buen funcionamiento de la nano-antena. El diodo MIM ha capturado con éxito la radiación infrarroja y sólo se enciende cuando es necesario. 

Y aunque de momento sólo se trata de una etapa del proceso innovador superada con éxito, todavía quedan muchos problemas técnicos por resolver antes de que pueda confirmarse la viabilidad del dispositivo. 

Uno de los problemas a resolver es que consume mucha energía, pero si las investigaciones se desarrollan según lo previsto, será posible conectar millones de micro-antenas para aumentar la producción de electricidad en un país o una región. Toda una revolución para el sector energético. 

Fuente: tendencias21


lunes, 28 de febrero de 2011

La primera pantalla a todo color con puntos cuánticos

Los investigadores de Samsung Electronics han creado la primera pantalla a todo color que utiliza los puntos cuánticos. Las pantallas de puntos cuánticos prometen ser más brillantes, más baratas y más eficientes en cuanto a energía que las que se encuentran hoy día en los teléfonos móviles y los reproductores de MP3.
La pantalla diagonal de cuatro pulgadas de Samsung se controla mediante una matriz activa, lo que significa que cada uno de sus píxeles de color de puntos cuánticos se enciende y se apaga con un transistor de película delgada. Según lo publicado en Nature Photonics esta semana, los investigadores han creado el prototipo sobre vidrio, así como sobre plástico flexible. "Hemos convertido un desafío científico en un logro tecnológico real", afirma Kim Jong Min, investigador en el Instituto Avanzado de Tecnología de Samsung.
Los puntos cuánticos son nanocristales semiconductores que brillan cuando son expuestos a la corriente o la luz. Emiten diferentes colores dependiendo de su tamaño y el material del que están hechos. Sus colores brillantes y puros, así como su bajo consumo de energía, los hacen muy atractivos para las pantallas. La mayoría de los monitores de ordenador y televisores utilizan pantallas de cristal líquido de alto consumo de energía (LCD). Las pantallas con diodos emisores de luz orgánicos (OLED) son más brillantes y eficientes en cuanto al uso de energía, aunque están limitadas a dispositivos pequeños puesto que son demasiado caras para las pantallas de televisión, y sus materiales orgánicos tienen una vida limitada.
Las pantallas de puntos cuánticos consumirían desde una quinta hasta una décima parte de la potencia de las pantallas LCD, afirma Tae Ho Kim, investigador de Samsung. Prometen ser más brillantes y más duraderos que los OLEDs. Es más, podrían ser fabricados por menos de la mitad de lo que cuesta fabricar las pantallas LCD u OLED.
Este potencial ha llamado la atención de grandes fabricantes de pantallas, al margen de Samsung. LG Display está asociada con QD Vision, salida del MIT, para desarrollar pantallas de puntos cuánticos.
Para crear su prototipo, los investigadores de Samsung comienzan por cubrir una solución de puntos cuánticos sobre una placa de silicio y evaporar el disolvente. Después, presionan suavemente un sello de goma con una superficie acanalada sobre la capa de puntos cuánticos, la despegan, y a continuación la depositan sobre el cristal o sustrato de plástico deseado. Esto hace que se transfieran puntos cuánticos al sustrato.
En una pantalla a color, cada píxel contiene subpíxeles rojos, verdes y azules. Estos colores se combinan en mayor o menor intensidad para producir millones de colores. Mediante el uso de su técnica de estampación una otra y vez, los investigadores pueden crear un patrón de rayas rojas, verdes y azules.
Después transfieren las rayas directamente a una matriz de transistores de película delgada. Los transistores están hechos de óxido amorfo de hafnio, indio y zinc, que proporciona una corriente mayor y más estable que los transistores convencionales de silicio amorfo. La pantalla resultante posee subpíxeles de alrededor de 50 micrómetros de ancho y 100 micrómetros de largo, lo suficientemente pequeños como para su uso en pantallas de teléfonos móviles.
"Esta es una demostración de gran alcance", afirma Seth Coe-Sullivan, cofundador y director de tecnología de QD Vision. "Los elementos individuales de la tecnología no son necesariamente nuevos. Samsung definitivamente ha hecho un gran trabajo de ingeniería para unir todas las piezas de una manera impresionante".
Advierte, sin embargo, que existen muchos más problemas de investigación e ingeniería que hay que resolver, y que las pantallas de puntos cuánticos todavía están al menos a tres años de distancia de su comercialización. Los mejores dispositivos de puntos cuánticos todavía no son tan eficaces en cuanto a potencia como los OLED. También tienen que durar más tiempo—en este momento, comienzan a perder su brillo después de cerca de 10.000 horas. Por último, los investigadores tendrán que desarrollar formas de fabricación a bajo coste y gran escala.